El mal se alimenta del daño y el sufrimiento. La mejor manera de superarlo y poder vivir plenamente es perdonar.
Perdonar no tiene nada que ver con restablecer la relación con el ofensor al punto que había antes del daño infligido. El verdadero perdón tiene que ver con desarmar la dinámica de mal desatada por la acción del verdugo, inhabilitando así los efectos que esta pueda tener sobre nosotros. Es por esta razón por la que, si bien el perdón es un don para alguien que no lo mereció, también tiene forma de regalo para nosotros. El perdón, ante todo, tiene que ver con nosotros mismos y es un don del cual no podemos privarnos.
Al perdonar, nuestra forma de mirar el daño sufrido cambia y nosotros nos transformamos en consecuencia. Lo que fue resentimiento se puede transformar en paz, la ofensa y daño en fortaleza y valentía… El perdonar se convierte así en un proceso de transformación interior que, una vez superado, brinda la oportunidad al que lo vivencia de ser mejor persona.
Otros beneficios de perdonar son:
- Te protege del estrés: un estudio de la Universidad de California revela que al perdonar puedes relajarte y bajar tus niveles de ansiedad.
- Tu corazón se vuelve más sano: el Journal of Social and Personal Relationships afirma que el perdón tiene efectos positivos sobre la reducción de la presión arterial.
- Tu sueño será más reparador: al no tener que lidiar con resentimientos ni ira, tu cuerpo y mente realmente descansarán y dormirás mejor.
- Mejoras tu carácter: cuando perdonas, tomas el control de tu vida y no otorgas el poder sobre tus emociones a nadie más.
- Reduces el dolor: ¿sabías que perdonar a aquellos que te hicieron algún daño puede reducir el dolor tanto emocional como físico? ¡Te vuelve más fuerte!
- El perdón es bueno para la salud general, física y mental.
- El perdón nos ayuda a relacionarnos mejor con los demás.


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